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LOS ORÍGENES DE LA COLECTIVIDAD


La casa redonda o
Kula

Estaba ubicada en los terrenos donde actualmente se encuentran la Escuela de Capacitación Laboral y los talleres del diario Crónica. En los terrenos aledaños a la casa se encontraban los pabellones de madera -de los que aún quedan dos en pie-, donde se alojaron las familias croatas que se radicaron en Comodoro Rivadavia a partir del año 1947. En uno de los pabellones de departamentos permanecían los matrimonios con hijos y en los demás se instalaron más de cincuenta hombres solos, algunos que dejaron a sus esposas en la lejana Croacia y aquellos que en gran mayoría eran solteros.

Al encontrarse en comunidad, los pioneros sobrellevaron mejor el desarraigo ya que compartían el idioma, las costumbres y vivencias. Formaron conjuntos musicales y diariamente se reunían para entonar las hermosas canciones de su tierra. Se fueron adaptando a la nueva geografía que por aquellos tiempos resultaba inhóspita, aprendieron el idioma, se insertaron en el mercado laboral trabajando mayoritariamente en la empresa Dorigniac construyendo importantes obras para la ciudad, como también lo hicieron en las petroleras Shell y Astra.


Muchos llegaban con hijos pequeños y aquí se fueron agrandando las familias. Las mujeres trabajaban a la par de los hombres atendiendo el hogar, muchas de ellas lavando a mano la ropa de los solteros en los piletones que se encontraban en una de las galerías que unían pabellones, otras cosiendo camisas y arreglando ropa para colaborar con la economía familiar.



Los pioneros

Algunas de las primeras familias de origen croata radicadas en esta ciudad son: Jajcevic, Susak, Nekic, Markotic, Miletic, Kovac, Rupcic, Juric, Prpic. Casi todas ellas vinieron con hijos pequeños nacidos en los campos de refugiados de Italia, por los cuales pasaron deambulando de uno en otro durante cuatro largos años, trayendo por todo equipaje una mochila con algo de ropa, quizás fotografías de la familia que tuvieron que dejar y sus documentos personales.

De los hombres que llegaron solos viéndose forzados a dejar a sus familias en Croacia recordamos a Pablo Ivankovic, Mateo Barisic, Nikola Serdar, Ivan Kurtes, Drago Glavicic, Ignacio Motl, Milan Milkovic y Rodolfo Suveljak entre muchos otros.

Ante Markotic y Marijan Nekic se asociaron para habilitar en la casa redonda un comedor en el que atendieron para el almuerzo y la cena alrededor de cuatrocientas personas por día, empleados de la empresa constructora Dorigniac.

El padre Viktor Vinces era un sacerdote croata de la orden franciscana radicado también en la zona, que atendía espiritualmente a sus paisanos. Para las fiestas de Pascua y Navidad la gamela se convertía en iglesia; con ramas de pino y tronco de caños perforados se fabricaban dos inmensos árboles de Navidad que se adornaban con las tradicionales luces de colores y servían de regocijo tanto para niños como para los adultos allí reunidos.


La fiesta tradicional que los niños más esperaban era Sveti Nikola (San Nicolás), que se celebra el 6 de Diciembre. Aparecía el santo con una túnica blanca y larga barba llevando bolsas llenas de juguetes, pero iba acompañado del Krampus (diablo) que arrastrando unas cadenas preguntaba a los niños presentes cómo se habían portado durante el año y ante la respuesta que bien, por supuesto, autorizaba a Sveti Nikola a entregar el regalo.

Para los niños de aquella época era una verdadera aventura llegar a la playa bajando desde cerro donde estaba la casa redonda -hoy calle Cagliero-, o patinar en el hielo durante el crudo invierno en la cancha de bochas que habían hecho los paisanos. Otra gran aventura era ir a buscar el tarro de leche fresca caminando hasta el tambo del denominado Infiernillo y cruzar el zanjón de la calle Alsina por donde estaba el antiguo matadero.Con el paso de los años, las familias se fueron trasladando a sus propias viviendas construidas de a poco en terrenos adquiridos con su trabajo. La gran mayoría se ubicó en el barrio 9 de Julio, otros en la zona conocida como La Loma. Los hombres que llegaron solteros también fueron abandonando los pabellones a medida que conseguían trabajo en los distintos campamentos.

Luego de permanecer deshabitada la Kula durante un tiempo, se instaló en ella el profesor Ilija Juric con su familia y allí armó su atelier donde realizaba sus esculturas. Uno de los legados que nos dejó es el Monumento a La Madre, ubicado en el boulevard de la Av. Rivadavia.

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